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BENDICIÓN DEL SANTÍSIMO CRISTO DE LA HUMILDAD




El  Custodio de Tierra Santa, fray Francesco Patton, besando la imagen del Cristo de la Humildad después                            de haberlo bendecido
El 6 de diciembre fue el día grande, el más destacado en la historia de la hermandad, quizás por siempre. Al hecho de presentar y bendecir la imagen titular, relevante de por sí,se le unió la presencia expresa del Custodio de Tierra Santa, desplazado desde Jerusalén a Salamanca con la finalidad de presidir el acto. La confluencia de estos dos acontecimientos es prácticamente imposible que vuelva a darse.

El día había comenzado para el padre Patton con un recorrido turístico-religioso por Salamanca. Había visitado tempranamente a las madres franciscas del monasterio de la Purísima Concepción, junto a las que oró por los cristianos de Tierra Santa. Después fue recibido por el prior de los dominicos, para realizar junto a él un recorrido personalizado por las dependencias de San Esteban. Clerecía, Universidad y catedrales completaron una visita a Salamanca en la que estuvo acompañado por varios miembros de la hermandad. Tras la comida y el descanso, en el convento franciscano, todo estaba a punto para celebrar la solemne ceremonia de bendición de la imagen del Cristo de la Humildad.

A las seis de la tarde, en la parroquia de San Francisco y Santa Clara, llena a rebosar de feligreses, comenzó la eucaristía presidida por el padre Custodio. Con él concelebraron 12 sacerdotes, entre los que estaban el vicario general de la diócesis, Florentino Gutiérrez, los párrocos y capellanes de la hermandad, Tomás Gil y Juan Andrés Martín, la comunidad franciscana de Salamanca al completo, encabezada por el padre Manuel Pombo, los padres Enrique Bermejo y Teodoro López, que acompañaban al padre Francesco Patton, el padre guardián del convento de los capuchinos de Salamanca, fray Domingo J. Montero yel párroco de San Martín, Antonio Matilla. También oficiaron como acólitos, revestidos, los dos seminaristas hermanos de la Franciscana, Alfonso y Ciriaco.

Entre los fieles asistentes, a mayores de la junta directiva en pleno y la mayor parte de los hermanos, estuvieron el concejal Julio López Revuelta, en representación del Ayuntamiento de Salamanca, el presidente de la Junta de Semana Santa, José Adrián Cornejo, y representantes de todas las cofradías de Semana Santa de Salamanca, casi todos ellos hermanos mayores. Mención aparte merece el propio escultor, Fernando Mayoral, que vivió unos momentos intensamente emotivosen compañía de sus familiares.

Acto de la Bendición del C. de la Humildad. El padre Patton junto a los concelebrantes
La ceremonia, como no podía ser de otra manera, fue intensa y solemne. Desde que Hugo, el primer niño que se inscribió en la hermandad dio la bienvenida, hasta la despedida del acto, con las palabras de agradecimiento del hermano mayor, José Manuel Ferreira, todo transcurrió de la manera establecida. El coro parroquial se encargó de la parte musical y los hermanos de las lecturas y ofrendas. Los momentos más emotivos fueron los de la homilía y la bendición. En la homilía el padre Custodio realizó, en perfecto español, una exposición directa al corazón sobre la importancia que para la Iglesia tienen los santos lugares y los cristianos que allí viven. Asimismo destacó cuánto supone para ellos que esta hermandad, bajo la muy franciscana advocación de la humildad, asuma colaborar con ellos. También hizo referencia a la imagen que iba a bendecir, del destacado artista Fernando Mayoral. Tras la homilía se procedió al ritual de la bendición y, al terminar, el padre Custodio fue el primero en venerar la imagen, besando con unción la pierna del crucificado. Terminada la eucaristía, fueron todos los fieles los que desfilaron ante el Santísimo Cristo de la Humildad para depositar su ósculo en los pies. Finalmente, la mayor parte de los hermanos asistentes posaron junto al padre Patton para dejar constancia documental de esa inolvidable jornada.