VISITA DEL MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES DEL SULTANATO DE OMÁN

                                                               
 Fr. Artemio Vítores, ofm
Guardián de Belén

14 de Febrero de 2018:

Hoy ha venido a visitar la Basílica de la Natividad y la Gruta de la Natividad de Jesús, el Señor Yussuf bin
ALAWI, Ministro de Asuntos Exteriores del Sultanato de Omán.
Como siempre esperábamos al ingreso de la Basílica el Guardián de los franciscanos y los representantes de los griegos y de los
armenios. Con el ilustre huésped estaban el Sr. Antón Salman, Alcalde de Belén y algunos miembros del Gobierno palestino. Después del saludo de los responsables de la Basílica, como un gesto especial, el Ministro nos ha traído un arca grande llena de incienso. Era emocionante, ya que nos parecía ver a uno de los Reyes Magos. Venía del Oriente, de Arabia. El deseo del ilustre huésped era que el incienso fuera distribuido, a partes iguales, entre las tres comunidades.

Hemos hecho, como de costumbre, la visita a la Basílica, con todas
las explicaciones pertinentes sobre las reparaciones, mosaicos, columnas, y otras cosas. Y como es tradicional, hemos hecho, delante del Iconostasio, la foto de todos juntos, lo que demuestra también el buen entendimiento ecuménico entre las
tres comunidades que custodian la Basílica de la Natividad.
A continuación todos hemos bajado a la Gruta de la Natividad, centro de toda peregrinación a Belén. Después de la visita un poco formal del Lugar del Nacimiento de Jesús, el P. Guardián esperaba al Ministro en el Santo Lugar del Pesebre. Y allí le ha hablado de María y de Jesús en el Corán, y se veía, que, como buen musulmán, estaba atento a estas explicaciones. La
Gruta del Pesebre es, sin lugar a dudas, el lugar más emocionante para
todos los peregrinos y lo es también para un musulmán.

Después de la foto con el representante  de los armenios, en la zona propia de ellos, hemos ido a la Iglesia de Santa Catalina y hemos visitado el lugar donde
está el Niño Jesús con María su Madre, la Inmaculada. También aquí se ha podido constatar el interés especial de nuestro invitado.
Una vez visitada la Iglesia de Santa Catalina, hemos pasado a través del Patio de San Jerónimo y el Guardián y el Ilustre Huésped se han saludado. En los gestos se ve que el Señor Yussuf bin ALAWI, Ministro de Asuntos Exteriores del Sultanato de Omán, estaba
interesado y, podemos decir, emocionado por su visita especial al Lugar del Nacimiento de Jesús y de la visita a Mariam, su Madre Virgen.
Creo que es muy importante hacer un encuentro con estos personajes con sencillez y fraternidad, como lo
habría hecho San Francisco cuando se encontró, en 1219, con el Sultán Malek el-Kamel.






Bendición del “Cristo de la humildad”

Homilía de  
Fray Francesco Patton,
CUSTODIO DE TIERRA SANTA

6 diciembre 2017 – Salamanca

Aprendamos la humildad de Cristo


Queridos sacerdotes, queridas hermanas y hermanos.
El Señor os de la paz.
1. En esta celebración bendeciremos una obra de arte de Fernando Mayoral, el Cristo de la Humildad, que da nombre a la homónima fraternidad unida por vínculos de amistad y apoyo a Tierra Santa.
Estamos en tiempo de Adviento, tiempo en el que somos invitados a vigilar, a rezar, a elevar la vista con esperanza, porque estamos a la espera de una nueva venida de nuestro Señor Jesucristo, al aguardo de su encuentro.
La liturgia nos recuerda, sin embargo, que podemos esperar al Señor glorioso solo si lo hemos acogido, primero como hombre humilde y más tarde como hombre humillado. Esto es lo que profesamos en el Misterio de la fe: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡Ven, Señor Jesús!».
La lectura de la carta a los Filipenses (Fil 2,5-11), que apenas ha sido proclamada, nos recuerda el recorrido de humildad realizado por el Hijo de Dios, para convertirse en uno de nosotros. Es el recorrido que le lleva a vaciarse de sí mismo, para hacerse siervo obediente al Padre y dar su vida por nosotros.
2. Parte de nuestro servicio en Tierra Santa es custodiar precisamente los lugares que hablan de la humildad de Cristo. Nazaret es el lugar en el que acaece el primer gran abajamiento porque el Hijo de Dios, el Verbo eterno del Padre, en Nazaret, gracias a la disponibilidad libre y personal de la Virgen María, se hace carne. Comienza a existir en forma humana, en el seno de la Virgen María.
Colma la distancia que le separaba de nosotros: una distancia infinita que jamás habríamos podido salvar.
Belén es el lugar en el que María da a luz al Hijo de Dios, a Jesús, un niño pequeño y necesitado de todo. Tan pobre que nace en una gruta, «en el camino» -como gustaba decir san Francisco- porque para él no hay lugar, ni casa, ni posada. Y tan pobre fue, que es depuesto en un pesebre.
3. Los múltiples santuarios de Galilea nos recuerdan a Cristo que, con humildad y servicio, se pone a disposición de todos aquellos que tienen necesidad de perdón, de esperanza, de curación, de liberación y de salvación.
En Jerusalén, el Cenáculo nos recuerda a Cristo que se humilla haciéndosenos presente en un poco de pan y de vino, para ser alimentados por él. Nos recuerda también al siervo humilde que se ciñe el mandil y lava los pies a los discípulos, dejándonos el ejemplo de lo que significa ser humilde, esto es, estar al servicio los unos de los otros.
4. Finalmente el Calvario como lugar donde se abisma la humildad. Allí Cristo manifiesta ser siervo obediente hasta su muerte y, en la cruz, deja el amor más grande (Jn 15,13). Humillación y vacío de sí mismo para participar en la profundidad y misterio de nuestra muerte.
Solo entrando en este abismo de humildad podremos vivir con Cristo la experiencia de la verdadera gloria, de la auténtica dignidad, de la complicidad con  la misma vida de Dios a través del misterio de la Pascua y del don del Espíritu. De ello son también testimonios la Tumba vacía y gloriosa, y el mismo Cenáculo, horno del amor cristiano y fuego del Espíritu Santo.
5. Bendecimos hoy la escultura del Cristo de la Humildad, para poner en Él nuestra devoción a este misterio de humillación y de humildad que es, en realidad, el único camino para descubrir
nuestra dignidad más auténtica y profunda. A este propósito nos exhorta san Francisco de Asís, a quien está dedicada esta iglesia junto a santa Clara: «Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones (Sal 61,9); humillaos también vosotros para que seáis ensalzados por él (cf. 1 Pe 5,6; Sant 4,10). Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece totalmente».
6. También las palabras del rito de la bendición de la cruz, que haremos dentro de unos instantes, nos ayudarán a comprender el don que vendrá al venerar la imagen de la cruz, la imagen de la humildad de Cristo. Es un don que cambia la vida y por el cual pedimos a Dios: «Te suplicamos, Señor, que tus fieles, al venerar este signo de salvación, reciban los frutos de redención que Cristo Jesús mereció con su Pasión; que en la cruz den muerte a sus pecados y que, por el poder de esta cruz, dominen la soberbia y fortalezcan su debilidad; que en ella encuentren consuelo en sus aflicciones y seguridad en sus peligros; y que, protegidos por su poder, recorran sin daño los caminos de este mundo, hasta que tú, Padre, los recibas en el Hogar del cielo».
7. Que el Cristo de la humildad sea para nosotros una llamada constante a la humildad auténtica, que es obediencia a Dios y a su Palabra, que es servicio a los propios hermanos hasta la entrega de sí mismo, que es camino a la auténtica gloria, que consiste en poder vivir en Dios. A él la gloria para siempre por Cristo en el Espíritu Santo. Amén.

 

 

 ESPÍRITU DE ASÍS

 http://es.radiovaticana.va/news/2016/09/19/as%C3%ADs_juan_pablo_ii_con_representantes_religiosos_del_mundo/1258924

 Juan Pablo II con los representantes religiosos del mundo

¡Nunca más violencia, nunca más guerra, nunca más terrorismo!
¡En nombre de Dios, que toda religión difunda en la tierra justicia y paz, perdón y vida,  amor!
Fue la invocación de Juan Pablo II
 

«El Espíritu de Asís»: desde el 27 de octubre de 1986 se renueva la invocación de paz para toda la humanidad nacida de la profética intuición de San Juan Pablo II. La histórica Jornada de oración, ayuno y peregrinación que reunió por primera vez a líderes y representantes religiosos del mundo, con el anhelo del santo Papa polaco de «contribuir a suscitar un movimiento mundial de oración por la paz que, pasando por encima de las fronteras y naciones y alcanzando a los creyentes de todas las religiones, llegue a abrazar al mundo entero».
«Quizá como nunca, ahora en la historia de la humanidad, son tan evidentes los lazos intrínsecos entre una actitud auténticamente religiosa y el gran bien de la paz para la familia humana, que anhela y necesita la paz», dijo también el Papa Wojtyla, alentando para que el compromiso en favor de la paz - fundada en los cuatro pilares de la verdad, de la justicia, del amor y de la libertad, como escribió San Juan XXIII, en la Pacem in Terris, sea constante cada día para las religiones del mundo, para los responsables de las naciones y  para todas las personas de buena voluntad.
Y 16 años después el Papa volvió a invitar a los representantes de las religiones del mundo a Asís, el 24 de enero de 2002 para «rezar por la superación de las contraposiciones y por la promoción de la auténtica paz. Queremos encontrarnos juntos en particular, cristianos y musulmanes, para proclamar ante el mundo que la religión no debe ser nunca motivo de conflicto, de odio y de violencia.
Quien acoge verdaderamente en su interior la palabra de Dios, bueno y misericordioso, no puede no excluir del corazón toda forma de odio y enemistad (…) Es urgente que una invocación común se eleve con insistencia desde la tierra hasta el Cielo para implorar del Omnipotente, en cuyas manos está el destino del mundo, el gran don de la paz, presupuesto necesario para todo compromiso serio al servicio del auténtico progreso de la humanidad».
Así empezaba ese día su intenso discurso:
«Hemos venido a Asís en peregrinación de paz. Estamos aquí, como representantes de las diversas religiones, para interrogarnos ante Dios sobre nuestro compromiso en favor de la paz, para pedirle ese don y para testimoniar nuestro anhelo común de un mundo más justo y solidario.

Queremos dar nuestra contribución para alejar los nubarrones del terrorismo, del odio y de los conflictos armados, nubarrones que en estos últimos meses se han cernido particularmente sobre el horizonte de la humanidad. Por eso queremos escucharnos los unos a los otros: sentimos que esto ya es un signo de paz, ya es una respuesta a los inquietantes interrogantes que nos preocupan, ya sirve para disipar las tinieblas de la sospecha y de la incomprensión.

Las tinieblas no se disipan con las armas; las tinieblas se alejan encendiendo faros de luz. Hace algunos días recordé al Cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede que el odio sólo se vence con el amor».

San Juan Pablo II dirigió también en esa ocasión una exhortación entrañable a los jóvenes:
«¡Que la paz habite en especial en el alma de las nuevas generaciones!
 ¡Jóvenes del tercer milenio, jóvenes cristianos, jóvenes de todas las religiones, les pido a ustedes que sean como Francisco de Asís, centinelas dóciles y valientes de la paz verdadera, fundada en la justicia, en el perdón, en la verdad y en la misericordia!
¡Avancen hacia el futuro manteniendo alta la antorcha de la paz, su luz los necesita!»